Archivo mensual: julio 2009

Vacaciones

Me tomo unas pequeñas vacaciones pero volveré pronto, con nuevos caviares y nuevas ideas. Disfruten mucho del calorcito, de la llúvia, de la montaña, del mar, de lo relajado que es trabajar prácticamente a solas en la oficina el mes de agosto – si es que no tienen vacaciones ahora-, de la buena compañía, de las puestas de sol con una copita de oporto en la mano y sobretodo… ¡Sean muy felices!

Judy Garland. “Get Happy”. Summer stock. 1950. Dir. Charles Walters

En la medida de lo posible iré revisando el mail y dejando algún rastro en Twitter.

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Las listas de Sei Shōnagon

Sei Shōnagon, dama de la corte de la emperatriz Sadako, hacia el año 1000, durante la era Heian se dedicó a escribir el diario íntimo o nikki más famoso de la literatura japonesa, el Makura no Sōshi 枕草子 (El libro de la almohada).En este diario la autora evocó los sentimientos más fugitivos, la evanescencia de las cosas, describió la vida de la corte, y sobretodo observó y escribió sobre todo lo que la rodeaba y sobre todo lo que sentía, elevando la lista al rango de género poético. Como dijo Octavio Paz el Makura no Sōshi nos descubre un mundo milagrosamente suspendido en sí mismo, cercano y remoto a un tiempo, como encerrado en una esfera de cristal.

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Entre las múltiples delicias que descubrimos en las  detalladas listas de Sei Shonagon, encontramos…

Cosas que emocionan
-Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
-Lavarme el cabello, maquillarme y vestir un kimono perfumado. En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
-Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento, sin motivo y de repente me sobresalto.

Nubes
Me encantan las blancas, purpúreas y negras nubes, y las nubes de lluvia cuando las lleva el viento. Es encantador al amanecer ver las oscuras nubes que poco a poco se vuelven blancas. Creo que esto ha sido descrito en un poema chino que dice algo sobre “los tintes que se retiran al amanecer”. Es conmovedor ver pasar un tenue jirón nube sobre la luna brillante.

Cosas odiosas
-Un admirador llega en visita clandestina, el perro lo avista y ladra. Una desearía matar al animal.
-La elegancia de la despedida influye enormemente en el apego que tengamos por un caballero. Si salta de la cama, ronda por la habitación, se ajusta demasiado el cinto, se arremanga y se llena el pecho con sus pertenencias, asegurando enérgicamente su cinturón, comenzamos a odiarlo
-Me he acostado y estoy por adormecerme, cuando se presenta un mosquito, con estridente zumbido. Y hasta me parece sentir la corriente que levanta con sus alas. Aún sabiendo que es un ser insignificante, lo encuentro detestable.

Cosas encantadoras
-Los objetos que se utilizan al jugar con muñecas de papel.
-Arrancar las hojas pequeñas de un loto que flota en el estanque.
-Las hojas de la malva pequeña son también deliciosas. Culquier cosa, si es diminuta, resulta grata.
-El rostro de un niño dibujado en un melón.
-Un pequeño gorrión que viene saltando al imitar alguien el chillido de un ratón.
-También es delicioso cuando al atar a un gorrioncito con un hilo, sus padres le traen insectos o lombrices y se los entregan en el pico.
-Una niña a la que están cortando los cabellos como a una monja, de manera que los ojos quedan cubiertos, despeja su cara sin usar las manos, inclinando su cabeza a un costado pues quiere ver algo. Realmente encantador.
-Ver los tasukigake blancos y limpios de las niñas, ¡qué agradable sensación!
-Un paje de Palacio, todavía muy joven, camina con traje de ceremonia.
-Pollitos blancos con largas patas caminan de una manera graciosa; parecen vestidos con kimono demasiado cortos, pían muy fuerte, y van tras las personas o rodean a la gallina. Ver esto es sumamente grato.
-La flor de clavel silvestre.

El cineasta Peter Greenaway se inspiró en el Makura no Sōshi de Sei Shōnagon para la realización de su bellísima película “The Pillow Book“, un film de carácter iniciático en el que Nagiko -narradora y protagonista- va contando su proceso de aprendizaje. Proceso que se simboliza en el paso de ser soporte de escritura a convertirse ella misma en “pincel”; y que tiene, como etapas intermedias, el conocimiento del amor, de la muerte y de la venganza.

The_pillow_bookFotograma de The Pillow Book. Dir. Peter Greenaway. 1996

Hacia la mitad de la película, se hace una cita del Makura no Sōshi que, en cierto modo, la resume:

“Dos cosas no nos han de faltar: las delicias de la carne y las delicias de la literatura”


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Las mujeres que leen son peligrosas

¿Por qué los artistas han tomado tan a menudo como tema de sus obras a una mujer leyendo? ¿Cabe llegar a la conclusión de que las mujeres que leen, las mujeres que leemos, son o somos peligrosas? Estas son las cuestiones con las que la editora Esther Tusquets encabeza el prólogo del libro Las mujeres que leen son peligrosas de Stefan Bollmann, un recorrido por la historia de la lectura femenina y de cómo esta ha sido considerada por la sociedad a través de los siglos y captada por los artistas y fotógrafos de diferentes épocas.

marylinEve Arnold. Marylin leyendo Ulises. 1957. Magnum-Agencia Focus.
“¿Lo hizo o no lo hizo? Una pregunta casi inevitable. ¿Leía Marylin Monroe, símbolo sexual del siglo XX el Ulises de James Joyce, un icono de la intelectualidad del siglo XX y el libro que muchos consideran como la mayor creación de la narrativa moderna o sólo estaba fingiéndolo? Eve Arnold afirmó que al ir a visitarla para hacerle la fotografía se la encontró ya concentrada en el libro de Joyce. La actriz le había confiado que le gustaba el estilo de la novela y que la leería en voz alta para comprenderla mejor, pero que esto implicaba un arduo trabajo.”

Lo cierto es que durante siglos se ha dificultado el acceso de la mujer a la lectura, prohibiéndole incluso dererrninados libros. En 1523, el humanista español Juan Luis Vives aconsejaba a los padres y maridos que no permitieran a sus hijas y esposas leer libremente. «Las mujeres no deben seguir su propi o juicio», escribe, «dado que tienen tan POCO». Muchos han sido los hombres a los cuales las mujeres que leen les han parecido sospechosas, tal vez porque la lectura podia minar en ellas un a de las cualidades que, abiertamente  o en secreto, a veces sin ni confesarselo a si mismos, más valoran: la sumisión.

fragonardJean-Honoré Fragonard. Joven leyendo. 1770. Galeria Nacional de Arte. Washington.

Cuando la fiebre de la lectura comenzó a hacer estragos  en tiempos de Chardin y de Baudouin y se vió, primero en la metrópolis parisina y después en las provincias más apartadas, a todo el mundo -pero sobretodo las mujeres-, pasearse con un libro en el bolsillo,el fenómeno irritó a ciertos contemporáneos e hizo entrar rápidamente en escena a partidarios y críticos. Los primeros preconizaban que la lectura podia transmitir virtud y favorecer la educación, los segundos veían en la lectura una prueba más de la imparable decadencia de las costumbres y del orden social. “La falta total de movimiento corporal durante la lectura, unida a la diversidad tan violenta de ideas y de sensaciones”, según la afirmación hecha en 1791 por el pedagogo Karl G. Bauer, solo conduce a “la somnolencia, la obstrucción, la flatulencia y la oclusión de los intestinos con consecuencias bien conocidas sobre la salud sexual de ambos sexos, especialmente el femenino”.

Decadente1899Ramón Casas i Carbó. Joven decadente (después del baile). 1895. Museo de la Abadia de Montserrat.

Bollman, en este libro hace una clasificación de las lectoras. Encontramos lectoras llenas de gracia, como la de La Anunciación de Simone Martini, que nos presenta a una Virgen María que ha dejado de ser la inocente ingenua que los teólogos solían ver en ella para convertirse en una mujer inteligente, que domina un arte practicado por las mujeres ilustradas del medioevo tardío: la lectura y que incluso paraece estar molesta por la interrupción de la lectura que le ha causado la visita del ángel.

anunciacionSimone Martini. La Anunciación, 1333. Galleria degli Uffizi. Firenze. Tríptico (detalle central).

También están las lectoras hechizadas, como la protagonista de Declaración de amor a una mujer leyendo de Jacob Ochtervelt, que -al menos aparentemente- está mucho más interesada en su lectura que en la proposición amorosa del hombre que tiene al lado ¿finge indiferencia?, ¿está realmente hechizada por la lectura?…

ochtervelt_der-liebesantrag-an-die-lesendeJacob Ochtervelt, Declaración de amor a mujer leyendo, 1670. Staatliche Kunsthalle. Karlsruhe.

Las lectoras seguras de sí mismas, como Madame de Pompadour (la amante favorita de Luís XV), mujer orgullosamente extravagante que no duda en hacerse retratar por François Boucher sosteniendo un libro en la mano y de espaldas a un espejo que nos muestra una rica biblioteca cuyos volúmenes llevan el blasón de su propietaria.

madamepompadourFrançois Boucher. Madame de Pompadour. 1756. Alta Pinacoteca. Munich.

Las lectoras emocionales fruto de las tendencias del siglo XIX y la pasión por la sensibilidad del individuo y el empfinsdam (sentimental) de Lessing, o las lectoras apasionadas, algunas de ellas con finales trágicos, como la Madame Bovary de Flaubert, que confundiendo la literatura con la vida acaba por destruirse al no encontrar en la vulgar realidad aquellos paraísos que le ofrecían los libro. Y las lectoras solitarias, y solas, como las mujeres del siglo XX que tan bién retrató Hopper:

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Edward Hopper. Hotel Room, 1931. Oil on canvas 60 x 65. Museo Thyssen- Bornemisza, Madrid.
“Las lectoras de Hopper no son peligrosas pero están en peligro, no tanto por su imaginación desbordante sino por la depresión. El mal del mundo moderno. Una incurable melancolía flota sobre la lectura y la lectora, como si el alegre caos engendrado por la fiebre lectora hubiera finalmente conducido a una apatía vertiginosa, la misma que expresan las mujeres lectoras de Hopper con esos impresos que hojean sin verdadero interés.”

Y me quedo pensando en cómo somos las lectoras del siglo XXI y cómo serán las futras lectoras. ¿Peligrosas? Quizás. Una vez me encontraba sentada en un bar leyendo un poco mientras esperaba la llegada de una amiga. Noté que dos hombres me miraban. Oí como el uno le decía al otro “¿Es bonita, eh? “a lo que el otro respondió :” No me van las intelectuales” Como si una mujer con un libro fuera una bella rareza que seduce contemplar pero que al mismo tiempo se debe rechazar.

Las mujeres que leen son peligrosas. Stefan Bollmann.Ediciones Maeva. 2006. Prólogo de Esther Tusquets.

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Los Modi y los sonetos lujuriosos

Los Modi son dieciséis dibujos que representan varias posturas amorosas que Giulio Romano (artista cercano a Rafael) hizo en Roma hacia 1524. Casi immediatamente fueron estampados al buril por Marcantonio Raimondi, y el temido publicista Pietro Aretino escribió unos sonetos erótico-burlescos para acompañar las imágenes. Nada de ello ha sobrevivido, ya que la publicación suscitó una furibunda reacción papal que se tradujo en el encarcelamiento del grabador y en la destrucción de la edición. El único ejemplar existente, denominado comúnmente “Toscanini” se considera el vestigio de una edición clandestina hecha en una fecha y lugar inciertos. Sus grabados en madera parecen mediocres trasuntos de la obra de Raimondi, pero pese a su pobre calidad constityen un testimonio precioso de la cultura figurativa del Renacimiento.

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Soneto de P. Aretino que acompañaba la figura:Quest’è pur un bel cazzo e lungo e grosso:/ Deh, se m’hai cara, lasciame’l vedere!/ Vogliam provar se potete tenere/Questo cazzo in la potta e me adosso?//Come s’io vo’provar?, come s’io posso?/Più tosto questo che mangiar o bere/ Ma s’io vi frango poi, stando a giacere, / Fàrovi mal! Tu hai’l pensier del Rosso;//Gèttai pur nel letto o ne lo spazzo/ Sopra di me, che se Marforio fosse / O un gigante, n’avrò maggior solazzo://Pur che mi tocchi le midolle e l’osse / Con questo tuo sì venerabil cazzo, / Che guarisce le potte da la tosse. // Aprite ben le cosse, / Che potran de le donne esser vedute/ Vestite meglio, sì, ma non fottute.

Otro reflejo de la destruida serie de Raimondi lo constituyen los dibujos hechos por el artista y aventurero conde de Waldeck a mediados del siglo XIX, quien parece que pudo trabajar con un álbum de la serie existente entonces en un convento mexicano. Aunque exageró el aspecto neoclásico del decorado, todo indica que copió con fidelidad las posturas corporales de los Modi originales.

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Soneto de P. Aretino traducido por Mario Merlino: He aquí un buen carajo largo y grueso/ ¡Si es tan bueno ese miembro habrá que ver!/ ¿Quieres, te sientes capaz de meter/en tu coño este carajo tan enhiesto?//¿Si me siento capaz?, ¿Que si yo quiero?/Me gusta más que comer o beber./ ¡Yaciendo juntos te lastimaré!/ No hables como Rosso, yo no bromeo!//Ven pues a la cama o móntate ya/ Sobre mí, que si Marforio fueras/ O hasta un gigante, me darías solaz://Penetra hasta los huesos y la médula, con tu picha veneranda y tenaz / Que el resfriado del papo jarabea / Abre bien esas piernas / que podrás ver mujeres bien vestidas, / Pero no las verás tan bien  jodidas.”

Las figuras de los Modi constituyen cuerpos heterosexuales desnudos, de diferentes edades en el hombre, siempre joven la mujer. Están dentro de la tipología que caracteriza la corporeidad rafaelesca de los últimos años romanos, de plástica rotundidad, con un tipo de anatomía que deja al descubierto el relieve corporal con la musculatura del suave moldeado.

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Soneto de P. Aretino que acompaña la imagen traducido por Mario Merlino:“Si abres las piernas, veré claramente/ Tu culo fermoso y tu crica al viso,/ Culo sin par cercano al paraíso,/ Crica que el cor destila por las renes.// Entre que arrobado miro me vienen/ Ganas de besucarte de improviso,// Y me siento más bello que Narciso/ Ante el espejo en que mi pija crece.// Ay ribalda, ay ribaldo en tierra y lecho./ Te veo, puta, y en cuanto te tenga/ Te romperé dos costillas del pecho.// De bubas estás llena, infame vieja, /Que por este placer pluscuamperfecto/ Voy a entrar en un pozo sin boteja. / Más no hay ávida abeja/ De polen como yo de un buen carajo, / Que sólo de mirarlo ya me empapo.

Se trata de figuras en acción en las que su autor pone en práctica las ideas del Renacimiento, al constatar los Modi la diversidad de posibilidades que tiene la figura humana para expresarse durante el acto sexual, y en definitiva, el rico lenguaje del cuerpo en acción. Ya Alberti había indicado en su Tratado de la pintura que “lo más grato en una pintura es que la actitud y el movimiento de los cuerpos sean muy diferentes entre sí”. En los modi ninguna figura es igual a otra, hay diferentes tipos, rostros, disposiciones, se rehúye la frontalidad en pro de las visiones desde diferentes puntos de vista (una de las premisas defendidas por Leonardo)… Los modi en definitiva expresan la búsqueda de la dificultad, que se convirtió en paradigma de la nueva estética del quinientos y Giulio Romano la proyectó en el acoplamiento de la pareja.

Para seguir descubriendo esta joya renacentista: Los Modi y los Sonetos lujuriosos. G.Romano, M.Raimondi, J.-F.-M. Waldeck y P. Aretino.  Edición de Ana Ávila. La Biblioteca Azul. Ed. Siruela, 2008

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The Messenger de Bill Viola

Bill Viola, considerado uno de los pioneros del videoarte, se centra en experiencias humanas universales -el nacimiento, la muerte, la evolución de la conciencia- para explorar los fenómenos provocados por la percepción como via de autoconocimiento. Recientemente ha ganado el XXI Premio Internacional de Catalunya que otorga anualmente el Gobierno catalán para distinguir a las personas que han contribuido decisivamente con su trabajo a desarrollar los valores culturales, científicos o humanos en todo el mundo. Gracias a este suceso podremos disfrutar de la sublime videoinstalación “The Messenger” en la iglesia de Sant Nicolau de Gerona hasta el 20 de septiembre del 2009.

The Messenger. Bill Viola

The Messenger (1996), es una videoinstalación diseñada para ser contemplada en un espacio de culto. Una proyección sobre una pantalla gigante nos muestra un hombre desnudo que emerge y se sumerge lentamente en el agua, mientras respira profundamente, en una bella metáfora de lo inefable del tránsito entre la vida y la muerte. La intensa oscuridad, el silencio tan solo interrumpido por los sonidos del agua y la respiración llenan el espacio y proporcionan una atmósfera de inmersión sensorial que invita a la meditación y a entrar en la obra, a sentirnos en la piel del ser desnudo que contemplamos, que nos recuerda a los santos pero que también somos nosotros.

The Messenger. Bill Viola

Aunque sus obras se nutren de la herencia pictorica religiosa renacentista y en general de la historia del arte occidental y oriental, Viola reconoce tener serios conflictos internos con la fe religiosa, y la espiritualidad de sus obras la vincula a la creencia y sentimiento colectivo que todos vivimos en un momento u otro de nuestras vidas de la existencia de una presencia más allá de nosotros y de nuestra necesidad de expandirnos hacia el mundo, fuera de nosotros. Lo que Bill Viola pretende captar es aquello que se dirige más allá de nosotros mismos y que según el videoartista es la fuente de la creatividad humana.

The Messenger. Bill Viola

La relevante presencia del agua en sus obras, Viola la relaciona a una experiencia personal que él tuvo a la edad de 6 años, cuando estando de vacaciones se lanzó a un lago sin flotador y se hundió, descubriendo entonces el mundo más bonito que él jamás había visto y al que desea volver, ya que sintió desilusión al ser rescatado del agua, de aquél paraíso al que promete volver… al final de sus días.

The Messenger. Bill Viola

The Messenger es una pieza magnífica que hipnotiza y que nos adentra en un estado de paz o quizás en la angustia… Es un golpe a nuestra esencia, una mirada hacia el interior a la vez que un placer para los sentidos y la contemplación estética. No se lo pierdan.

Fragmento de The Messenger en Youtube

Entrevista a Bill Viola en el canal 33 (en catalán)

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De resentimientos y resentidos

Tengan cuidado si se cruzan con personas resentidas porque… ¡atacan! El filósofo alemán Max Scheler, en su obra El resentimiento en la moral nos explica  el fondo oscuro del corazón humano donde se instala el resentimiento. En primer lugar describe el resentimiento como una intoxicación psíquica con causas bien definidas, surge al reprimir sistemáticamente la descarga de ciertas emociones y afectos los cuales son en sí normales y pertenecen al fondo de la naturaleza humana como son la venganza, el odio, la maldad, la envidia y la perfidia . Es una venganza, pero sin un contraataque directo, como refrenando los sentimientos, debido a la constatación de un “acusado sentimiento de impotencia”. Dicho “veneno” (el resentimiento) busca volver asible la igualdad entre las personas a la que se aspira o intenta hacer tangible una superioridad jamás alcanzada. Es así que aparece lo que Scheler llama el “engaño estimativo que es específico del resentimiento“. En él, se rebajan las cualidades de aquello que íntimamente se anhela y con lo que se compara, y se falsean esos mismos valores como si atentaran contra la persona, como si efectivamente, en una “ilusión”, fuesen la causa de su desgracia, pero no porque no estime esos valores, sino porque son otros quienes los tienen o los representan. Posesiones, riqueza, posición social, privilegios y aun la educación se convierten en objeto de su resentimiento y de una eventual acción destructiva.

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El falseamiento de la moral no es siempre un acto consciente, como sería la vida moral de un cínico, pues es imposible vivir en continua contradicción.  La moral falseada es la exteriorización de una percepción averiada de la realidad desde el resentimiento, más o menos querido. En el conflicto entre el apetito y la impotencia surge el odio, la sed de venganza hasta que se alcanza la perfección de ella que es estar tranquilo en su miseria. Es la “obra suprema” del resentimiento, la “sublime venganza” le llama Nietzsche en La Genealogia de la moral . “Es sublime porque los impulsos de odio y venganza contra los hombres fuertes, sanos, ricos, hermosos etc., desaparecen completamente, y la persona resentida escapa, gracias al resentimiento, al tormento interior de estas pasiones. Ahora, tras la inversión del sentimiento y la difusión del juicio correspondiente en el grupo, esos hombres fuertes etc., ya no son dignos de envidia, dignos de odio, dignos de venganza, sino que, al contrario, son dignos de lástima, dignos de compasión, pues participan en esos ‘males’. Sentimientos de dulzura, de compasión y de lástima son los que producen ahora su presencia”, ¿les suena? ¿no se han encontrado a nadie que les haya tratado así?

A diferencia de otros sentimientos, como la envidia, que bien gestionados nos pueden hacer mejorar, (envidio las curvas de Giselle Bundchen… entonces nadaré un poco más para hacer más bonitas las mias), el resentimiento no lleva al esfuerzo superador de alcanzar lo que otro tiene, sino que se recrea en su impotencia y odia al poseedor, aunque éste ni se entere de lo que sucede en el resentido. La sensación de impotencia es la que lleva a la perfección de la envidia resentida. Esta envidia resentida es temible, pues lleva al odio. Es el caso clásico de Judas y Cristo en el que la traición al amigo y a la vocación llega a formas extremas. El reproche llega a la misma persona por ser lo que es, sin mover un dedo por intentar conseguir lo que tiene, en este caso la santidad. Jesús avisa a los suyos y les dice: “os odiarán sin motivo”, es decir, sin más motivo que el resentimiento impotente y odiador. “En estas clases de envidia es donde se presenta  el fenómeno de la desvalorización de los valores positivos que promovieron la envidia”.

Además, con el resentimiento, el hombre ya no vive ‘a gusto’ en la ‘caja’ de su cuerpo, y llega entonces a esa actitud penosa que consiste en distanciarse y objetivarse a sí mismo. Y se llega a un “odio de sí mismo”, “tormento de sí mismo”, “sed de venganza contra sí mismo” de funestas consecuencias.

Ya lo ven, los resentidos atacan desde su impotencia para vivir valores y de aceptar la verdad como es. Algunas veces cuesta detectarlos, pero si lo hacen… mejor aléjense, pues tienen una capacidad innata para amargarse su propia vida y la de los que les rodean.

Max Scheler. El resentimiento en la moral. Caparrós editores  2ª ed 1998.

Friedrich Nietzsche.  La Genealogía de la moral. Tecnos, 2003.

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Las mujeres collage de Alexis Mackenzie

Alexis Mackenzie es una artista de San Francisco capaz de crear collages mágicos y deliciosos donde mujeres victorianas  transformadas en seres híbridos exploran paisajes surreales donde se mezclan con murciélagos, plantas, calaveras de las que nacen flores. Equipada con sus tijeras,  inagotables lapices de cola y un gran sentido de la belleza y de lo bizarro, sus obras nos adentran a un auténtico país de las maravillas.

utopia_excursion Para conseguir estas hermosas creaciones, Alexis ha estado coleccionando libros (siempre utiliza originales), revistas y periodicos antiguos durante años, pasando horas y horas en las librerias en un proceso de selección del material lento y minucioso en el que intenta evitar las piezas demasiado valuosas por lástima a mutilarlas, y con un criterio que tiene en cuenta la calidad del papel, la paleta cromática, la cantidad y la varidad de las imagenes y la capacidad de estas a ser re-contextualizadas en sus obras. Una vez seleccionado el material empieza el proceso de “construcción” lo recorta con tijeras – ella las considera como extensiones de sus propias manos-, compone las obras juntando todos los retales y los encola con lapices de cola libres de ácidos, más limpios y fáciles de aplicar.

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La elección de esta técnica, el  collage, y no otra en la obra de Mackenzie, nace de su propia visión del mundo, y una necesidad de construir constantemente nuevos significados/analogias dotando de una nueva vida a las viejas representaciones que ya casi nadie mira.

DSC_0097El trabajo de esta artista suele partir de una vaga idea general sobre la historia que narrará, pero siempre deja algo al azar y acaba encontrando por el camino nuevos elementos por asamblar que pueden llegar a transformar completamente la idea de base. En todo caso, el resultado siempre es bellísimo, y nos hace revivir el espíritu del simbolismo, del realismo mágico y del modernismo.

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Visita al estudio de Alexis Mackenzie, lleno de plantitas, libros y viejos periodicos… y de retales, muchos retales.

Más collages en el flickr de Alexis Mackenzie

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