De resentimientos y resentidos

Tengan cuidado si se cruzan con personas resentidas porque… ¡atacan! El filósofo alemán Max Scheler, en su obra El resentimiento en la moral nos explica  el fondo oscuro del corazón humano donde se instala el resentimiento. En primer lugar describe el resentimiento como una intoxicación psíquica con causas bien definidas, surge al reprimir sistemáticamente la descarga de ciertas emociones y afectos los cuales son en sí normales y pertenecen al fondo de la naturaleza humana como son la venganza, el odio, la maldad, la envidia y la perfidia . Es una venganza, pero sin un contraataque directo, como refrenando los sentimientos, debido a la constatación de un “acusado sentimiento de impotencia”. Dicho “veneno” (el resentimiento) busca volver asible la igualdad entre las personas a la que se aspira o intenta hacer tangible una superioridad jamás alcanzada. Es así que aparece lo que Scheler llama el “engaño estimativo que es específico del resentimiento“. En él, se rebajan las cualidades de aquello que íntimamente se anhela y con lo que se compara, y se falsean esos mismos valores como si atentaran contra la persona, como si efectivamente, en una “ilusión”, fuesen la causa de su desgracia, pero no porque no estime esos valores, sino porque son otros quienes los tienen o los representan. Posesiones, riqueza, posición social, privilegios y aun la educación se convierten en objeto de su resentimiento y de una eventual acción destructiva.

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El falseamiento de la moral no es siempre un acto consciente, como sería la vida moral de un cínico, pues es imposible vivir en continua contradicción.  La moral falseada es la exteriorización de una percepción averiada de la realidad desde el resentimiento, más o menos querido. En el conflicto entre el apetito y la impotencia surge el odio, la sed de venganza hasta que se alcanza la perfección de ella que es estar tranquilo en su miseria. Es la “obra suprema” del resentimiento, la “sublime venganza” le llama Nietzsche en La Genealogia de la moral . “Es sublime porque los impulsos de odio y venganza contra los hombres fuertes, sanos, ricos, hermosos etc., desaparecen completamente, y la persona resentida escapa, gracias al resentimiento, al tormento interior de estas pasiones. Ahora, tras la inversión del sentimiento y la difusión del juicio correspondiente en el grupo, esos hombres fuertes etc., ya no son dignos de envidia, dignos de odio, dignos de venganza, sino que, al contrario, son dignos de lástima, dignos de compasión, pues participan en esos ‘males’. Sentimientos de dulzura, de compasión y de lástima son los que producen ahora su presencia”, ¿les suena? ¿no se han encontrado a nadie que les haya tratado así?

A diferencia de otros sentimientos, como la envidia, que bien gestionados nos pueden hacer mejorar, (envidio las curvas de Giselle Bundchen… entonces nadaré un poco más para hacer más bonitas las mias), el resentimiento no lleva al esfuerzo superador de alcanzar lo que otro tiene, sino que se recrea en su impotencia y odia al poseedor, aunque éste ni se entere de lo que sucede en el resentido. La sensación de impotencia es la que lleva a la perfección de la envidia resentida. Esta envidia resentida es temible, pues lleva al odio. Es el caso clásico de Judas y Cristo en el que la traición al amigo y a la vocación llega a formas extremas. El reproche llega a la misma persona por ser lo que es, sin mover un dedo por intentar conseguir lo que tiene, en este caso la santidad. Jesús avisa a los suyos y les dice: “os odiarán sin motivo”, es decir, sin más motivo que el resentimiento impotente y odiador. “En estas clases de envidia es donde se presenta  el fenómeno de la desvalorización de los valores positivos que promovieron la envidia”.

Además, con el resentimiento, el hombre ya no vive ‘a gusto’ en la ‘caja’ de su cuerpo, y llega entonces a esa actitud penosa que consiste en distanciarse y objetivarse a sí mismo. Y se llega a un “odio de sí mismo”, “tormento de sí mismo”, “sed de venganza contra sí mismo” de funestas consecuencias.

Ya lo ven, los resentidos atacan desde su impotencia para vivir valores y de aceptar la verdad como es. Algunas veces cuesta detectarlos, pero si lo hacen… mejor aléjense, pues tienen una capacidad innata para amargarse su propia vida y la de los que les rodean.

Max Scheler. El resentimiento en la moral. Caparrós editores  2ª ed 1998.

Friedrich Nietzsche.  La Genealogía de la moral. Tecnos, 2003.

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2 comentarios

Archivado bajo Caviares de libros

2 Respuestas a “De resentimientos y resentidos

  1. Paolo

    ¿Algún resentido ha tenido el valor de cruzarse en tu vida? Ingenuo. Ahoga a los resentidos a base de caviar. Un bacione del italiano.

  2. 😉 Chi lo sa… e anche… es mejor hacer el ridículo así

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