La caída de Saint-Exupéry

Siempre hay algo terriblemente conmovedor en la caída de los aviadores, alas efímeras, Ícaros todos que como criaturas del aire desprendidas de su elemento nos revelan su fragilidad en la caída. Pero ninguno como Antoine de Saint- Exupéry, autor de Le Petit Prince (El Principito), porque con él viajaban la poesía, los baobabs y las rosas.

le-petit-prince

Durante años pudimos soñar en la magia que envolvía la caída en el Mediterráneo del avión Lightning P-38 que pilotaba Saint-Exupéry un 31 de julio de 1944. Se especuló sobre si se trataba de un suicidio, de un accidente o del resultado de un combate aéreo. La única certidumbre que parecía quedar era de que perdió la vida (o fingió perderla) en la misma región imposible donde siempre había anhelado establecerse: entre el cielo y la tierra. Hasta que en 2008 apareció Horst Rippert, un alemán  que durante la II Guerra Mundial fue un as de la Luftwaffe.

Antoine-de-Saint-Exupery

Antoine de Saint-Exupéry

La resolución del misterio venia anunciándose años atrás. En 1988 un pescador encontró entre sus redes una pulsera de oro con el nombre del escritor grabado. Dos años más tarde se localizaron los restos del que se suponía era su aparato, suposición que quedó confirmada tres años después, cuando un submarino rescató los restos del fondo del mar y se pudo comprobar el número de serie del avión y constatar que se trataba del mismo que había despegado del aeropuerto corso de Borgo pilotado por el piloto y escritor francés a quienes sus compañeros de colegio llamaban “Pique-la-lune” por su naricilla respingona y su talante soñador. Pero cuando Hans Ripper, piloto de Messerschmitt Bf-109 anunció que era el responsable de la muerte de Saint-Exupéry, “Lo abatí yo”, con el tono de quien reconoce que en su inconsciente adolescencia mató a un ruiseñor a pedradas… Pareció que se esfumaba la magia. “Todo ocurrió cerca de Toulon. Él volaba 3.000 metros más alto que yo, que estaba efectuando una misión de reconocimiento. Vi sus insignias tricolor y maniobré para instalarme a su cola y derribarle” explicó Rippert a Luc Vanrell y Jacques Pradel, autores del libro Saint-Exupéry, l’ultime secret.

antoineAntoine de Saint-Exupéry con sus hermanos (segundo por la derecha), de niño -¿dejó nunca de serlo?-

Pensar en una desaparición del piloto tan bella como la de su propio Principito era una esperanza, un sueño que anidaba en los corazones de sus más apasionados lectores/as (me sumo). Aunque era sabido que su mirada a través del cristal de la carlinga no era la de un sanguinario cazador, sino la de un hombre que se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptaban. Inventaba historias, soñaba. No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro. Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colocarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38 se convertia en una estrella fugaz que siseaba hasta fundirse con el mar.

aspAntoine de Saint-Exupéry

En Piloto de guerra Saint-Exupéry ya afirmaba “Acepto la muerte. No es el riesgo lo que acepto. No es el combate lo que acepto. Es la muerte. He comprendido una gran verdad. La guerra no significa la aceptación del riesgo. No significa la aceptación del combate. En ciertos momentos, no significa para el combatiente más que la aceptación pura y simple de la muerte”.

oprincipiñoO Principiño. Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry. Edición traducida al gallego.

Quizás, aunque su muerte no fuera ni tan heróica ni tan poética como se esperaba, en la mente de muchos de nosotros, Saint-Exupéry, “el niño que soñaba con ser aviador o el aviador que se empeñó en seguir siendo niño” (Carmen Martín Gaite), se encuentra en un planeta lejano donde encierra todas las noches una flor bajo un globo de vidrio y donde vigila bien a su cordero.

P.S: Gracias Arc por regalarme la versión en gallego: O Principiño. La leí y terminé ayer por la noche y me fascinó leer a Saint-Exupéry en esta lengua.

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9 comentarios

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9 Respuestas a “La caída de Saint-Exupéry

  1. Un regalo se posó en mis pequeñas manos cuando sólo era un niño. Delicado, su portada alimentó mi imaginación. Miré a mi padre. Era El Principito.

  2. el mejor libro del mundo, los dibujos grabados a fuego con una memoria infantil.

  3. Y un gran desacuerdo. Yo prefiero a Alicia en su país extraño que al principito en sus planetas lejanos. No sé, realmente el principito y el Quijote son dos obras negadas para mí. Interesante me ha resultado más la vida de su autor que su obra (algo un tanto incorrecto9, pero así es la cosa). Del Principito que pide que le dibujen animales sólo recuerdo una cosa: el Che Guevara lo leyo en una sentada -literalmente en el W.C. (sin Fields)- durante una reunión. El baño estuvo ‘clausurado’ mientras el famoso guerrillero viajaba por otros planetas de la mano de un niño principesco. Eso es lo que más recuerdo del Principito, logró que uno de los personajes conocido por ser tan consciente de los demás, haya olvidado una de las necesidad principales de sus congéneres, por apasionarse con un libro. No lo culpo, hay libros le llegan a uno como el amor. Como siempre, encantado de visitar tu sitio. Saludos.

  4. Hola Mob! yo creo que en algunos casos, no siempre, lo que acompaña la lectura de un libro es el contexto. Las circunstancias infantiles, la época inocente y el ejercicio de leer con dificultad el libro, la extrañeza ante las ilustraciones (no me olvido más como no entendía lo de la boa) hacen que para mi sea el mejor. besos!

  5. Carla, espero no haber sonado como faltando al respeto. En gustos las cosas son muy relativas (en un mundo en que todo es relativo). No desprecio los libros mencionados, ni los menosprecio, simplemente me siento negado a sus dones. Ambos tienen algo maravilloso, pues a lo largo del tiempo ambas obras han llegado muy dentro de sus lectores, sólo quise decir que soy de las personas que no tienen la llave correcta para entrar a esos mundos. Disculpa si soné a otra cosa. Un abrazo.

  6. Mi problema personal con el libro es que es un recurso facil para mucho listo que quiere ir por la vida de sensible con objeto lúbrico. Obviamente, esto no es un problema con el libro en sí.

  7. tu

    Las vidas de los aviadores son fascinantes. Son siempre gente importante, gente de mundo, gente de cuna, gente con algo de suelto para comprarse un avioncito. Gente para Hollywood. Todavía recuerdo aquel intento desesperado de Scorsese por ganar un Oscar. Decidió retratar la vida de un magnate, un hacedor, uno de esos grandes mamones. Un aviador.

  8. Mob para nada!! solo era un comentario de como a veces las circunstancias en las que leemos un libro, el contexto, nos lleva asociar esa lectura para siempre a vivencias inolvidables, que tiñen el libro para siempre. besos!!

  9. -2000 palabras: El Principito también me llegó en forma de regalo, aunque la primera vez que lo leí ya era adolescente y me perdí la experiencia de la visión infantil del libro. Gracias por la visita y por el comentario.

    -Carla York: No me canso de releer el Principito y de asociarlo con experiencias propias también… lo de la boa, el cordero… No sé muy bien como lo deben entender los niños, pero seguro que mejor que yo.

    -Mobtomas: Compara Alícia con el Principito… Bueno, es que la Alícia de Carroll es una crítica a la sociedad victoriana y la propia Alícia tiene unos “tics” de niña bién y aburrida victoriana de mucho cuidado… lo mejor que le pasa en la vida es el viaje a un mundo surreal… para volver a la anodina realidad. Lo bueno del Principito es que no sabemos exactamente si muere, si regresará a su planeta… Las dos obras me gustan por igual.

    -Illuminatus: Si un libro ayuda a ligar… tampoco está tan mal encontrarle más funcionalidades que la del placer que ofrece la lectura. Durante tiempo utilicé un libro llamado la catedral del mar como soporte de una de mis plantas. La influencia creo que debió ser nefasta, porque al cabo de una semana se murió.

    -Tú: Ay que duro que es usted con los aviadores… Lo cierto es que Exupéry procedía de una família aristocrática, como muchos otros y puede que sea cierto que hay una tendencia a la mamonería en este sector. De todos modos no me atrevo a generalizar. A mí me hubiese gustado saber pilotar… y ser un poco mamona también, ¿por qué no? 😉

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