Archivo mensual: junio 2010

Onfale o la dominatrix de Lídia

Cuenta Apolodoro que por matar a su amigo Ifito en un ataque de locura, Hércules fue vendido como esclavo a Onfale, reina de Lidia, por un período de tres años. Pero ésta pronto aligeró su suerte convirtiéndole en su amante. Estando a su servicio, Hércules se afeminó, para diversión de Onfale que le obligaba a llevar ropas y adornos de mujer y le hacia hilar la lana. Ovidio cuenta que Pan, que se habia enamorado de Onfale, entró una noche en su alcoba y, confundido por la ropa de Hércules, se metió por equivocación en la cama de éste. Fue expulsado immediatamente; que una cosa era ceder ante los caprichos de la bella Onfale y otra muy distinta dejarse manosear por el muy pero que muy salido dios Pan. A Onfale además le gustaba llevar la piel de león de Hércules y su garrote. Según Luciano de Samosata en su Tratado sobre cómo escribir la historia X, Onfale también le propinaba a Hércules algún que otro golpecito de sandalia. Estos eran los placeres a los que el fuerte de Hércules se sometía para gozo y felicidad de su ama, quien finalmente lo convirtió en su esposo. Desconocemos si conseguida la categoría de marido Hércules, pudo o quiso cambiar los hábitos y costumbres  de Onfale, pero con lo entretenida que parece estar tirándole de la oreja al héroe en este cuadro de Peter Paul Rubens, parece difícil de imaginar que lo consiguiese.

Hércules y Onfale. Peter Paul Rubens. 1602-1605. París, Musée du Louvre.

Indiscutiblemente la imagen se asocia al dominio de la mujer sobre el hombre, siendo muy probable que el mito tenga sus orígenes en ritos primitivos de fertilidad en los que la diosa madre estaba asociada a un dios masculino subordinado, y que no distan mucho de la idea que tenemos hoy en día de lo que es una dominatrix. Porque todas tenemos algo de amas, algo de Onfale,,, quizás apoderándonos tras nuestras pequeñas victorias de piezas del vestuario masculino, como sus camisas, que pasan a recubrir nuestro cuerpo para sellar nuestra victoria mientras nos fumamos un cigarrillo y observamos el cuerpo masculino desnudo y rendido en la cama.

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Infidelidades y aerosoles

O de los tintes sintéticos al descubrimento de infidelidades. Hace unos años las japonesas iban locas por jugar a ser espías mediante la compra de un kit de dos aerosoles detectores de semen llamado S-chek que les permitía descubrir si sus maridos las engañaban. Bastaba con rociar con los dos sprays la ropa interior de sus hombres para descubrir la infidelidad: si allí existía semen, el segundo aerosol producía una mancha verde brillante sobre el tejido sospechoso.

Se trata de un método utilizado comunmente por la policía forense británica basado en  el hecho de que el semen se secreta por el tracto urinario hasta dos horas después de la eyaculación. Si la ropa no se lava, puede detectarse hasta diez días después. Evidentemente el test no puede revelarnos si tenemos un compañero aficionado al onanismo o quizás con problemas de próstata (dos factores que podrían inducirnos a conclusiones erróneas ya que en ambos casos podrían aparecer las manchitas verdes). De hecho en un artículo de junio del 1999 sobre el tema publicado por la BBC; ‘Undie-cover’ wives catch cheating husbands, James Thorpe, que por aquel entonces ocupaba el cargo de director de la unidad de ciencia forense en la Strathclyde University de Glasgow, ironizaba: “What happens if the man goes to the gym at lunch time? His socks change colour, his back blisters and his wife divorces him. Who said keeping fit was good for you?”

Cartel de la película Lust Caution. Dir. Ang Lee

Lo curioso del caso es que el orígen del método nada tiene que ver con el espionaje, sino que se remonta a las investigaciones sobre tintes sintéticos de finales del siglo XIX. Y es que uno de los usos modernos de los tintes sintéticos son la detección de pisadas en la escena del crimen,  la identificación del DNA de los sospechosos y cualquier sustancia biológica (sangre, semen, pelo…). Los fundamentos de esta técnica se basan en los tintes en gel de dRhodamine, método que separa tanto proteínas como DNA y que hace pasar patrones de DNA marcados fluorescentemente por un detector de forma que da a cada base un pico diferente, lo que permite identificar los diferentes perfiles.

Si quieren jugar a ser CSI, por la red circula la venta de un kit parecido al japonés llamado “CheckMate“aunque también pueden leerse “Infieles: 180 signos reveladores de la infidelidad de la pareja“, que propone la “vigilancia a pie”, los micrófonos ocultos y otros métodos clásicos para pillar in fraganti a nuestras parejas… O quizás la mejor opción sea la de lucir alegremente nuestros cuernecillos, que tampoco quedan tan mal.

Foto de Murakami kenta photostream en flickr

Libro: Malva. Historia del color que cambió el mundo. Simon Garfield. Ed.Península-Atalaya. 2000.

Y… mujeres espía en el blog  Girl Spy

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