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Onfale o la dominatrix de Lídia

Cuenta Apolodoro que por matar a su amigo Ifito en un ataque de locura, Hércules fue vendido como esclavo a Onfale, reina de Lidia, por un período de tres años. Pero ésta pronto aligeró su suerte convirtiéndole en su amante. Estando a su servicio, Hércules se afeminó, para diversión de Onfale que le obligaba a llevar ropas y adornos de mujer y le hacia hilar la lana. Ovidio cuenta que Pan, que se habia enamorado de Onfale, entró una noche en su alcoba y, confundido por la ropa de Hércules, se metió por equivocación en la cama de éste. Fue expulsado immediatamente; que una cosa era ceder ante los caprichos de la bella Onfale y otra muy distinta dejarse manosear por el muy pero que muy salido dios Pan. A Onfale además le gustaba llevar la piel de león de Hércules y su garrote. Según Luciano de Samosata en su Tratado sobre cómo escribir la historia X, Onfale también le propinaba a Hércules algún que otro golpecito de sandalia. Estos eran los placeres a los que el fuerte de Hércules se sometía para gozo y felicidad de su ama, quien finalmente lo convirtió en su esposo. Desconocemos si conseguida la categoría de marido Hércules, pudo o quiso cambiar los hábitos y costumbres  de Onfale, pero con lo entretenida que parece estar tirándole de la oreja al héroe en este cuadro de Peter Paul Rubens, parece difícil de imaginar que lo consiguiese.

Hércules y Onfale. Peter Paul Rubens. 1602-1605. París, Musée du Louvre.

Indiscutiblemente la imagen se asocia al dominio de la mujer sobre el hombre, siendo muy probable que el mito tenga sus orígenes en ritos primitivos de fertilidad en los que la diosa madre estaba asociada a un dios masculino subordinado, y que no distan mucho de la idea que tenemos hoy en día de lo que es una dominatrix. Porque todas tenemos algo de amas, algo de Onfale,,, quizás apoderándonos tras nuestras pequeñas victorias de piezas del vestuario masculino, como sus camisas, que pasan a recubrir nuestro cuerpo para sellar nuestra victoria mientras nos fumamos un cigarrillo y observamos el cuerpo masculino desnudo y rendido en la cama.

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Desnudando a la Venus de Urbino

La Venus de Urbino incomodó por el gesto de su mano izquierda dulcemente posada en su sexo. Aunque el gesto está prestado de la Venus de Dresde de Giorgione, en el caso de la obra de Tiziano no se toleró porque ya no se trataba del gesto de una mujer dormida, sino de un gesto consciente, provocador y además acompañado de una mirada un tanto lánguida y directa al espectador que recordaba demasiado a la imagen de una cortesana invitando al placer.

Por no hablar de las connotaciones del gesto de la mano derecha… Las rosas que Venus acaricia también nos llevan a pensar en el placer que ella misma se otorga. Este orgullo de una Venus conocedora de su propia belleza junto con el exhibicionismo ya no del propio cuerpo sino de su capacidad para ofrecerse placer produjo indignación, especialmente y curiosamente en personajes de épocas posteriores, como Marc Twain (quien probablemente desconocía la figura paleolítica de la Venus de Laussel (20000 a.C), que representa a una mujer de senos prominentes masturbándose). Éste escritor americano comentó al respecto de laVenus de Urbino en A tramp abroad (1880): “Allí, contra el muro, sin cortina que la oculte, podéis ver la obra más impura, la más grosera, la más obscena que se haya pintado jamás:la Venus de Tiziano. No es porque esté desnuda y estirada en la cama, no, es el gesto de una de sus manos. Si me atreviese a describirlo seria un escándalo.”

Venere di Urbino.  Tiziano Vecellio. Óleo. 1538,  119 x 165 cm.Galleria degli Uffizi, Firenze.

No pensaba lo mismo que Twain el duque de Camerino – futuro duque de Urbino – Guidobaldo Della Rovere, quien el mes de marzo del 1538, ordenaba a Girolamo Fantini, su subordinado, de no regresar a Urbino sin traer con él  “la donna nuda” que él mismo había encargado a Tiziano.

Por otro lado puede que el gesto se aceptase mejor en los tiempos en que se ejecutó la obra gracias a la creencia respaldada por médicos y teólogos del siglo XVI según la cual la masturbación femenina favorecía la procreación.

De hecho, y a pesar de lo explícito que nos pueda resultar el cuadro, el significado de la Venus de Urbino aún no ha sido agotado por la literatura artística, que tradicionalmente ha interpretado esta obra como una alegoria del matrimonio. La imagen exalta la belleza de la mujer (condición preliminar a un matrimonio feliz…), aunque las rosas recuerden que la belleza es pasajera y se marchita. La presencia del perro simboliza la fidelidad, otra de las condiciones que se le suponían al matrimonio feliz, y el mirto (por su condición perenne) simboliza el amor durable.

La obra podría haber sido según indican algunas fuentes para Giulia, la futura esposa del duque de Urbino: un regalo que le indicaria a la joven casadera el comportamiento a seguir como amante, esposa y madre.

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Fillette

Ésta es Fillette. Una escultura de látex en forma de pene de la artista Louise Bourgeois y el autor de este magnífico retrato no podia ser otro que Robert Mapplethorpe. Fillette nació en 1968, y su significado en francés hace referencia al nombre que se le da a una chica joven e inexperta. También la podemos interpretar como un bebé: tierna, dulce, indefensa… Puede ser que si nos acercamos a ella experimentemos el sentimiento de protección de las madres cuando acercan a sus bebés como si los pudiesen devolver a su cuerpo. Y es que all fin y al cabo un penis es gentil, tan solo hace falta saberlo tratar bien y aprender a servirse de él.

Louise Bourgeois con Fillette, 1982. fotografía de Robert Mapplethorpe.

Bourgeoise afirmó cuando se le tomó esta fotografía que “Cuando llevo un pequeño falo como este entre los brazos lo siento como un objeto gentil, no un objeto al que quiera hacer daño. Mi gentileza entonces se dirige hacia los hombres”. Tanto la fotografía (la sonrisa un tanto perversa de Louise y la manera de sostener el pene-escultura) como la afirmación, no dejan de tener un sentido bastante irónico. Sobretodo si tenemos en cuenta que su padre la llevaba a “voir les filles” (visitar a las prostitutas) cuando era niña, haciendole presenciar un auténtico desfile de chicas posando para su papá, quien escogia y rechazaba a las que le apetecía. Louise decía ” Me identificaba con las que rezachaba.(…)El deseo de gustar gustar es una motivación pero no hay reglas. Es la ruleta russa”. El resultado fué que a él le dedicó obras como “Déstruction du père, (1974)“, la materialización de su sueño infantil de comerse y destruir a su padre. Lo más probable es que Bourgeoise también buscase venganza en esta fotografía con Fillette, como si con la edad hubiese incorporado la fuerza y el dominio sexual que toda mujer posee y que un dia su padre arrebató a unas cuantas.

Janus 1968 Bronce. Louise Bourgeois.

La reconciliación se produce con su serie de Janus, dobles falos que se vuelcan hacia ellos mismos y que introducen lo masculino en lo femenino, figurando al mismo tiempo la vagina (corte floral central) y el falo, llevándonos a una visión del mundo donde hombre y mujer forman un único cuerpo, dejando de  lado la noción de objeto para pasar a la de sujeto y a la harmonía entre masculino/femenino. ¿Porque… quién no cuidaría y se fundiría con estas hermosas criaturas tan sensibles e indefensas?

Me pido este de peluche, suave e imponente como compañero de habitación, para cuidarlo y protegerlo.

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Like a Virgin

Vírgenes y Santas asuntas, siempre bellas y nunca solas en su viaje hacia el cielo. Porque se les ha negado siempre la llegada al cielo por ellas mismas y están condenadas a depender de una corte de ángeles dispuestos a elevarlas por los aires cargándolas sobre sus espaldas y alas. La propia etimología de la palabra adsumere (llevar hacia arriba) implica que fueron llevadas a los cielos, mientras que Cristo “ascendió”, subió por sus propios medios. ¿No eran lo suficientemente puras como para alzarse por ellas mismas en cuerpo y alma?

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Pietro Perugino. Asunción de María. 1513. Chiesa di Santa Maria Assunta. Corciano. Italia.

Lo cierto es que no hay en las Escrituras ninguna base para esta creencia basada an las obras apócrifas de los siglos III y IV según la cual el cuerpo y el alma de la Virgen María fueron llevados al cielo después de terminar sus días en la tierra. Debido a la influencia del libro llamado el Seudo-Jerónimo el cual ponía en duda si María fue asunta al cielo con o sin su cuerpo (aunque manteniendo la creencia en su incorrupción)  se produjo un  debate sobre la asunción corporal de la virgen. Finalmente se aceptó la asunción corporal de María gracias a textos como el tratado Ad Interrogata, atribuido a San Agustín, el cual aceptaba la asunción corporal de María, y el posicionamiento a favor de Santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos. Pío V en el siglo XVI al reformar el Breviario quitó las citas del “Seudo-Jerónimo” y las sustituyó por otras que defendían la asunción corporal, que fue definida como dogma (verdad de la que no puede dudarse) por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950.

dormición de la virgen

Dormición de la Virgen. Cristo recoje su alma. (BNF, ROTH 2529) fol. 369 . Breviari de Martí d’Aragó. finales del s.XIV. Catalunya. (160 x 160 mm). Biblioteca Nacional de Francia.

Uno de los períodos en los que más se fomentó el culto a la Virgen fue el siglo XIII con la aparición del libro de Santiago de la Vorágine la Leyenda Dorada, que se convirtió en un libro de consulta muy conocido entre los artistas. En él se narra como mientras los apóstoles estaban sentados junto a la tumba de la Virgen, tres dias después de su muerte, se les apareció Cristo acompañado de San Miguel, que llevaba con él el alma de la Virgen “Y al momento el alma volvió al cuerpo de María, y salió gloriosamente de la tumba, y fue recibida en la cámara celestial, y con ella una gran comitiva de ángeles”. La Asunción comenzó a representarse con profusión en la escultura gótica del s.XIII, especialmente en los pórticos de las iglesias dedicadas a la Virgen. Su forma característica (composición a base de dos o tres elementos superpuestos) se encuentra en el Renacimiento y se ha ido repitiendo posteriormente.

Rubens. Asunción de la VirgenPeter Paul Rubens. Asunción de la Virgen. 1624-27. Catedral de Amberes.

También necesitó la ayuda de los ángeles María Magdalena cuando en su retiro montañoso y solitario cerca de Saint-Baume, donde  pasó treinta años de penitencia y de ayuno , “siete veces al día bajaban unos ángeles que la subían hasta el cielo, donde se le permitía atisbar la dicha futura” según nos narra  la Leyenda Dorada de Vorágine.

MARIA+MAGDALENA

Asunción de María Magdalena

Dejando a parte la teología, no se puede obviar la influencia que la Antigua Grecia y sus diosas paganas deberían haber ejercido en el hecho de representar a estas santas mujeres elevándose por los cielos. Ya lo hizo en su momento Medea, no rodeada de ángeles, sino de fuego y en un carro del diós Helios (el Sol) tirado por dragones o la Calisto, convertida en constelación. Ahora tenemos nuevas diosas y santas a las que adorar:

Saint Barbie

Mark Riden. Saint Barbie. 1994.

Santa Barbie  tampoco precisa de la ayuda de los ángeles para subir al cielo y su música celestial en vez de a cantos gregorianos o música de órgano más bien suena a Like a Virgin de Madonna.

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La belleza del Monstruo

Los monstruos fascinan. Amados y temidos, observados con precaución pero al mismo tiempo admitidos libremente. Penetran con toda la fascinación de lo horrendo en la literatura, en la pintura, en los comics y en el cine. Algunas personas los miramos  con los mismos ojos de la pequeña María que le regalaba una margarita a Frankenstein, otras aparentan rechazarlos pero en el fondo sienten el mismo deleite y placer al contemplar su horrible belleza. Lo explicaba ya Friederich Schiller en Del arte trágico (1792): “es un fenómeno general en nuestra naturaleza que lo que es triste, terrible y hasta horrendo nos atrae con una fascinación irresistible; que las escenas de dolor y de terror nos repelen y nos atraen con la misma fuerza.”

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Gravado de H.Bary en De monstrorum natura, causis et differentiis de F.Liceti

¿Pero qué es un monstruo? La palabra monstruo procede del verbo latín monstrare (mostrar). Fortunio Liceti en su obra De monstrorum natura, causis et differentiis define a los monstruos como “todo aquello que suscita admiración, sorpresa y que nos asombra, sea en un modo negativo o positivo”. Una mujer bellíssima, según Liceti, es un monstruo, mientras que la deformidad de una persona lisiada no lo es puesto que no nos asombra ni nos maravilla.

043Gravado de Münster.

La palabra monstruo también posee una etimología más discutida, la de monestrum, derivada del verbo moneo, el infinitivo del cual es monere, que significa avisar, advertir. El lingüista Félix Gaffiot sostiene que monstrum y monstrare están relacionados con monere (advertir). Lo cierto es que la tradición de los monstruos como presagio de un acontecimiento o de un prodigio futuro, como signos de una catástrofe o de un mensaje divino,  es antigua. Ya en los Anales (I, XII), Tácito relataba que el nacimiento de un monstruo habia sido interpretado como un presagio de la muerte de Claudio. En el siglo XVI Boaistuau nos recuerda que el niño nacido en 106 en Núrsia (Italia) con el vientre abierto que dejaba ver sus intestinos, anunció la victoria romana contra Jugurtha, rey de Numídia.

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Gravado de Boaistuau

Por lo que respecta a su simbología, el psicólogo francés Paul Diel considera que los monstruos simbolizan una función psíquica en cuanto transtornada: la exaltación afectiva de los deseos, la exaltación imaginativa en su paroxismo, las intenciones impuras. En el aspecto o plano social, el motivo del monstruo que devasta un país simboliza el reinado nefasto de un monarca pervertido, tiránico o débil. La lucha contra el monstruo significa el combate para liberar a la conciencia apresada por el inconsciente. Para Ania Teillard el monstruo se identifica con la líbido.

209Gravado de Paré. Monstruo marino.

Tampoco se puede olvidar que los monstruos además están incluídos en el diseño providencial de Diós. San Agustín en “La ciudad de Diós” aborda el tema: “los monstruos también son criaturas divinas, y en cierto modo pertenecen también al orden providencial de la naturaleza”. Así es que ya tenemos excusa para disfrutar de los grifos, esfinges, sirenas-pez, sirenas-pájaro, quimeras, gorgonas, minotauros, tritones, hidras, dragones, hombres marinos, pájaros con cabeza de cuadrúpedos y tantos más. Porque son “divinos”.

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La delgada línea roja entre copia y homenaje

“Toda producción lleva en su núcleo la copia y, en consecuencia, se halla contaminada de falsificación. Cualquier pintura comporta una falsificación puesto que sin importar su realismo se basa inexcusablemente en la reproducción, deliberada o no, digerida, metabolizada, aberrada, de otro modelo anterior. Por este camino fue como la pintura moderna fue escapando de su modelo real y realizándose en sí. El original pues no será nunca el que garantizadamente proceda de la obediente mano del artista sino de su memoria particular. ¿Será concebible imaginar algo sin copiar de algo? Absolutamente no. Todas las obras son una deliberada manipulación de lo visto y recordado. La copia es la materia natural de la creación.” En boca de Vicente Verdú.

Ya sabemos que precisamente porque “copiaban” a Platón los artistas no le hacían demasiada gracia. Y es que él estaba convencido de que la mímesis total era imposible y de que la copia no podia acercase cada vez más al original, sino todo lo contrario. Esta se alejaba más y más con cada copia y este alejamiento del original lo concebía como distanciamiento de la verdad (la gran obsesión de Platón). A las copias las afecta la entropía, el accidente, el error: el síndrome del teléfono descompuesto. Este es uno de los motivos que me hacen pensar en Platón como un auténtico radical en busca de algo que considero tan dudosamente existente como es lo original y lo verdadero. Será que me gusta más perderme en la fantasía, lo falso y en alguna que otra copia adulterada de la austera e insulsa verdad. Pero… hablemos de homenajes.

Homenaje. Uno de los artistas más homenajeados ha sido Jean-Aguste- Dominique Ingres, gran maestro en el arte de captar la belleza del cuerpo femenino desnudo.

jmooreJulianne Moore. Portada de American Photograph (2003). Michael Thompson.
ingres_odalisqueGrande Odalisque (1814). Jean-Auguste-Dominique Ingres

En este caso no hay duda de que estamos frente a un homenaje. La postura, el decorado, todos los elementos de la fotografía de Thompson están destinados a rendirle tributo a la odalisca de Ingres, pero en una versión infinitamente más púdica (Julianne Moore no se nos aparece sensual mostrando el pecho y  las nalgas como sí lo hace la insinuante odalisca),  y su cuerpo, a pesar de la belleza de Moore, resulta rígido si lo comparamos con la  sinuosidad del cuerpo femenino pintado por Ingres. Intentar homenajear a los grandes es muy complicado, porque confrontándonos a ellos puede que desvelemos de golpe todas nuestras carencias.

Pero no nos engañemos, hay ocasiones en las que el homenaje es tan bueno o casi mejor que la obra homenajeada:

manray Le violin d’ Ingres. 1924. Man Ray.

Man Ray admiraba la obra de Ingres y se dedicó a realizar una serie de fotografias inspiradas en sus famosos desnudos. Una de ellas nos muestra a la modelo Kiki de Montparnasse en turbante, de espaldas y con dos marcas en forma de  f en la espalda que transforman el cuerpo de la modelo en un instrumento de cuerda. Man Ray sabía que Ingres tocaba el violín, y con esta fotografía guiñaba el ojo al espectador dando a entender que él tocaba a Kiki como Ingres su violín. Fue un gran seductor Man Ray.

Ingres_valpinconLa Baigneuse. Jean-Auguste-Dominique Ingres. 1808. Musée du Louvre. Paris.

A su vez, Ingres también se inspiró en varias fuentes: los manieristas toscanos (Bronzino), y de un grabado de Jacob Van Loo (Le Coucher à l’italienne) pero sobretodo de Rafael -de quien fue admirador toda su vida- para trazar sus geniales dibujos. Para la “baigneuse” se inspiró en una de las gracias que el gran maestro pintó en la loggia de Psyché de la Villa Farnesina.

raphaeldet2Detalle de uno de los frescos de la Villa Farnesina (1518-19). Cupido con las tres gracias. Pintado por Rafael y sus pupilos.

Las mujeres de Ingres son un constante homenaje a Rafael, que le servió de guía para su particular búsqueda: la perfección. Ingres persistió en los mismos temas para alcanzar su ideal. La obra Bain turc (1848-1864, Louvre), retomará años más tarde la idéntica “baigneuse” de su juventud para situarla en el centro del lienzo.

De copias, fakes y de falsificaciones escribiré pronto. Ahora mismo prefiero dejarme seducir un rato más por las bellas damas desnudas de Ingres, de “volupté profonde” (Baudelaire) y casta, sin tiempo ni movimiento, donde todo parece tranquilo, simple.

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Los riesgos de pintar un tirante caído

En 1882, la ambición de Sargent era la de triunfar a toda costa y creió que retratando a una de las bellezas del momento, Madame Gautreau, sudista en París casada con un banquero y reina de la alta sociedad, conseguiría el golpe de efecto que lo encumbraría definitivamente. Para ello, escribió a su amigo del Castillo para que intercediese por él en la tarea de convencer a Madame Gautreau para que se dejase retratar: “Tengo un gran deseo de pintar su retrato y razones para pensar que me lo permitirá porque está deseando que alguien le proponga este homenaje a su belleza. Si estás “bien avec elle” y te la encuentras en París, dile que tengo un talento prodigioso.

Madame de Gautreau aceptó y su carácter caprichoso y frívolo no tardó en sacar de quicio al artista. Aún así, Sargent terminó el retrato, de unos dos metros, donde una hermosa y despectiva Madame de Gautreau aparecia de perfil con uno de los tirantes de su ajustado vestido caído, mostrando la radiante blancura de su piel sin que ningún chal la cubriera.

MadameX_origMadame X. (reconstrucción del original) John Singer Sargent. 1884. Metropolitan Museum. New York.

La obra fué aceptada y expuesta en el Salón de 1984, pero lo que tenía que ser el gran salto a la fama de Sargent se convirtió en un estrepitoso escándalo. Todo París se arremolinó ante el cuadro para reírse y criticar despiadadamente a Madame de Gautreau, tanto por la pose de incitación sexual que veían en su tirante caído como por  la vanidad extrema que la retratada desprendía. La modelo y su madre exigieron a Sargent la destrucción de la obra: “¡Mi hija está acabada y mi yerno tendrá que batirse en duelo!“. Además la prensa tampoco se abstuvo de ironizar sobre el cuadro, publicando una caricatura con el siguiente pie: “Salón de risa. Nuevo modelo para el As de Corazones”. A Sargent no le quedó otra que retirar el lienzo antes de que acabara la exposición para repintar a Madame Gautreau con el tirante subido. El incidente parece hoy incomprensible, pero en su día armó tanto revuelo como los Déjeuner sur l’herbe y Olympia de Manet.

Madame_X_closeup2Madame X. (detalle de la obra tal y como la podemos ver en la actualidad) John Singer Sargent. 1884. Metropolitan Museum. New York.

Así es como pintar a una mujer con un tirante de su vestido caído le costó al artista Sargent una depresión y tener que dejar Paris e instalarse en Londres. Años después, el káiser Guillermo se enamoraría de la mujer del cuadro. Sargent lo malvendió al Metropolitan de Nueva York, donde ahora podemos contemplar la arrogante y seductora belleza de Madame X e imaginar lo irreverentemente guapa y sexy que debió estar en su día con el tirante caído.

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